ELLOS | Primera parte

¡¡Pero es que ya estoy harto!!

– Gritaba indignado ante la atenta mirada de mi amigo Chuchi, mientras daba buena cuenta de un helado –

Era verano, podría ser el 85 u 86, y a nuestros 11 añitos estábamos tostándonos al sol en nuestro rincón favorito de la piscina pública.


Moi dormitaba o eso pretendía hacernos creer, aunque todos sabíamos que en lo que realmente ocupaba su tiempo era mirar a la cuadrilla de chicas del colegio de “Las Monjas” que se habían sentado justo a nuestro lado.

flash-colores-najera-retrogames– ¡¡Y que vamos a hacer Toño, si ELLOS son más y mucho más fuertes!!, ¡¡ Y nosotros somos solo cinco!! – Me replicó Víctor resignado, sentado en su toalla de Michael Jordan mientras apuraba el último trago del líquido verde fosforito de su flamante flash de 15 pesetas.

Víctor era muy alto. Ya por aquel entonces nos sacaba a todos una cabeza, y siempre compraba el flash más largo, para que hiciera juego con su estatura, según decía.

No le gustaba para nada el Kiwi, y sin embargo lo elegía solo por el color verde. Fué a consecuencia de ver “La Guerra de las Galaxias”.

Cada vez que tenía un flash en sus manos, emulaba a Luke Skywalker con su sable láser, hasta que por fortuna para los demás, hartos de que nos diera “flashazos” en las costillas, se le terminaba derritiendo.

– No es que ELLOS sean más… – Matizó Moi simulando desperezarse – Es que entre vosotros cuatro… ¡¡No hacéis uno decente!!, ¡¡Ja ja ja!!! – Replicó señalándonos divertido mientras se acomodaba en la toalla.

En eso llevaba razón, allí estábamos, reunidos como cada tarde, justo después de “El coche Fantástico”, Chuchi, Víctor, Moi, Lucas y yo.

 

 

Menuda tropa

Éramos unos auténticos tirillas, el espíritu de la golosina era aberrantemente obeso comparado con nosotros.

Éramos más delgados que las lonchas de jamón de “la Perpe”

No nos trasparentábamos de pura casualidad, al igual que los cortes de jamón que ejecutaba con maestría tan apreciada dueña del pequeño supermercado de barrio de mi calle.

Otra “perla” que nos “soltaban” los mayores, por ser tan huesudos, era el de “Chiguitos, tenéis más esquinas que un saco tacorros”, que a mi me divertía particularmente por la curiosa comparación.

Vaya, hablo Don Musculitos… – Replicó Chuchi incisivo, y con cierto tono burlón añadió – Y por cierto, cuando uno está dormido no mueve la cabeza siguiendo con la mirada a “la Tere”, que te hemos “cazao”, Moi.

– ¡Mentira! ¡Yo no miraba a Tere! – se defendío ruborizado, pero corrigió cuando descubrió que todos nos habíamos percatado de su estrategia – Bueno si, un poco si, pero no miraba solo a Tere, también a Sara, a Marimar, a Arancha, a….

¿Así que un tal Moi era más ligón que yo? Ya será menos...
¿Así que un tal Moi era más ligón que yo? Ya será menos…¡Pulsa y verás!

– Además a Tere le gusta un tal “Fon” – Le indicó Víctor – Así que con ella no tienes mucho que rascar, tendrás que fijarte en otra.

– ¡¡Ehhh!! – Una idea cruzó repentinamente por mi atolondrada cabeza, retornando de nuevo al asunto principal – ¿Y Gary y Asier?

– ¡Toño, que a mi solo me gustan las chicas, y mucho! – Se defendió Moi con cierto cachondeo, y ciertamente sin faltar a la verdad. (Moi era con diferencia el más ligón de la cuadrilla).

– ¡No, tontícola! Digo de comentar a Gary y a Asier que nos echen una mano. Siempre están con nosotros. –

Los ojos de Chuchi se abrieron de par en par – ¡Eso es otra cosa! Seríamos más, ¡Y Asier sabe kárate! Nos podría enseñar. ¡Kiaaaa! – Gritó mientras ejecutaba torpemente un golpe al aire.

 

Gary y Asier, Lucas y un gran susto

Gary y Asier eran dos hermanos vascos que siempre nos acompañaban en nuestras hazañas veraniegas. En periodo estival su familia disfrutaba en Nájera la mayor parte de las vacaciones.

Un Vasco Cristiano
Una Crus de oro pues, regaló aita en la Primera Comunión. Desde entonses no quito, oiga.

Eran muy numerosas las familias que desde el País Vasco se acercaban a veranear a nuestra pequeña ciudad, animados probablemente por el buen tiempo, el bullicioso ambiente y sus gentes amables, haciendo de Nájera en muchos casos su segundo hogar.

– Imposible chicos. Pasan el verano aquí, pero justo esta mañana se han vuelto a Algorta. La última semana de Agosto siempre la pasan fuera – Aclaró Víctor con cierto pesar.

– Vaya, que mala suerte. Siendo siete al menos tendríamos una oportunidad, algo les podríamos intimidar y lo mismo así nos dejaban tranq…. – El sonido entrecortado de una cavernosa y profunda tos, casi rayando el ahogo, interrumpió abruptamente mi frase.

Era Lucas, llegaba tambaleándose, con un gesto de desesperación en el rostro, completamente sofocado y con los ojos llenos de lágrimas por el ahogo.

– ¡Es que lo han vuelto a hacer! – Farfulló mientras intentaba recuperar el resuello – ¡Son unos gilipollas! Si se apuntan a un concurso de idiotas no ganan, quedan segundos… ¡Pero por idiotas!

– ¿Que ha pasado Lucas? – Preguntó Moi alarmado mientras se levantaba presuroso a socorrer a nuestro amigo.

– Esos imbéciles… Pues estaba tranquilamente nadando en el agua… – Comenzó a relatarnos con voz entrecortada mientras recuperaba el aliento – …y uno de ELLOS me ha señalado desde la orilla de la piscina, y en un plisplas los tenía a todos rodeándome.

Lucas inspiró una profunda bocanada de aire que a todos se nos antojó eterna, antes de proseguir con el relato – Para cuando os he querido llamar, zaaasss, me han empezado a hacer aguadillas, sumergiéndome la cabeza en el agua durante un buen rato… ¡Y una detrás de otra! ¡Casi no podía respirar!

– ¡Son unos capullos! – Aseveró un indignado Chuchi mientras le hacia un sitio al bueno de Lucas entre las toallas

– ¿Y te han hecho muchas?

– Aguadillas he llegado a contar 44, pero a partir de ahí todo se ha vuelto oscuro, he empezado a ver como diapositivas de mis padres y de mi familia, y una luz blanca al fondo de un túnel, mientras oía una voz que me llamaba… y claro, al final entre las fotos, la luz y las voces pues me he despistado y he perdido la cuenta, pero más o menos me figuro que me habrán hecho unas 93.

Al pobre Lucas le había salido caro el chapuzón. Víctor le acercó un poco de agua para aliviar su tos mientras aún tembloroso se iba acomodando en el césped, buscando postura.

– Y lo malo no han sido las aguadillas – Prosiguió mientras torpemente se acercaba la botella de agua a la boca – Lo malo… lo malo es que al salir de la piscina… ¡Me han intentado quitar el bañador!

– ¡¡Que cabritos!! y con lo poco que luces sin bañador. – Respondió Chuchi dándole un codazo cómplice mientras todos hacíamos un esfuerzo por no reírnos.

– ¡¡Chuchi, que esto es serio, joe, no os riáis, lechones!! – Replicó indignado Lucas – A lo que iba, no me lo han conseguido quitar, porque al salir del agua yo, yo… he agarrado el bañador con fuerza, juntando las pantorrillas mientras desde la piscina intentaban arrancármelo.
– ¿Y que hiciste entonces?
– Me intentaba zafar pero claro, al no poder mover las piernas he intentado avanzar saltando, y con tan mala suerte que….

Hizo un pausa y nos observó. Los cuatro estábamos expectantes, totalmente intrigados.

– Sigue, Lucas, sigue – Apremiamos

Entonces bajó la cabeza entre tímido y avergonzado, y confesó con un hilo de voz.

– …con tan mala suerte…que me he caído de bruces al canalillo que rodea la piscina.

– ¿Te has caido al canalillo? ¡¡No jodas!! – Gritamos prácticamente al unísono

 

La curiosa historia del canalillo de las piscinas

La piscina de Nájera eran de un tamaño considerable, de hecho tenía medidas olímpicas, contaba con un trampolín de 3 metros de altura y una profundidad idéntica.

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Jóvenes pipiolos najerinos en las antiguas piscinas. Ver detalle de canalillo rodeando la piscina

Rodeando la piscina, como a medio metro del borde de la misma, existía un pequeño canal de hormigón lleno de agua de unos 50 centímetros de ancho y unos 15 centímetros de profundidad, y del que jamás conseguimos saber su utilidad.

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¡Me pillásteis!

Ese agua siempre estaba muy caliente, y claro, era como un imán para los niños más pequeños, que jugaban incansablemente en él.

Y ocurría lo inevitable. Niños pequeños, muchos sin bañador, y agua templada, pues ya se sabe. Allí mismo que hacían sus necesidades… tanto líquidas como sólidas.

Nunca llegamos a saber si el motivo de que dicha agua estuviera tan caliente fuera realmente mérito exclusivo del sol.

– Pero a quién se le ocurre, caerte al canalillo… ¡Es mejor que te hubieran quitado el bañador! – Se reía Víctor
– ¡¡O morir ahogado!!  – Añadió Chuchi
– ¡El agua del canalillo de los meaos, ¡¡Arrrrggg que asco!!
– ¿No habrás tragado agua? ¡Aléjate de nosotros, que seguro que estás infectado! – Siguió Moi la broma conteniendo la risa.

– Si cabritos, vosotros reíros, reíros – Señaló a Moi con su dedo índice y le advirtió con gesto amenazante – Y tu Moi no te rías tanto, no, acuérdate del día te dije que había castañas flotando en el canalillo de la piscina…no eran precisamente castañas, y menos en verano…si no te llego a parar coges una… ¡Tenía que haberte dejado, por capullo! – Replicó Lucas haciéndose el indignado, pero no pudo contenerse, y comenzó a reír de aquella manera tan particular y contagiosa.

En cuanto vimos que Lucas volvía a ser el Lucas de siempre respiramos aliviados y todos rompimos el tenso ambiente a carcajada limpia.

Era lo bueno de nuestra cuadrilla, que siempre, pasara lo que pasara, lo solucionábamos riéndonos de buena gana, ayudándonos, y perdonándolo todo.
Aunque pequeños, éramos grandes amigos.

 

Reunión en el bar de las piscinas

– Bueno chicos, creo que después de esto ya va siendo hora de que hagamos algo con ELLOS.
– ¡Lo de Lucas ha sido la gota que colma el vaso! – Indiqué muy serio
– ¿Y si vamos al bar, compramos unas pipas y hablamos allí? – Propuso Moi en un arranque de iniciativa un tanto sospechosa.
– ¡Venga, vamos! – Animó Víctor mientras se incorporaba mediante un atlético gesto. Yo lo intenté imitar torpemente. El deporte no era mi fuerte. Sin embargo Víctor llevaba el deporte, y en concreto, el baloncesto en la sangre.

chanclas azules NájeraAntes de marchar, se calzaron las clásicas chanclas azules. Yo prefería andar descalzo y sentir la refrescante sensación de la hierba húmeda en los pies. (la verdad no era muy de chanclas, solo de boca).
Una vez Lucas se acomodó las suyas marchamos los cinco hacia el bar.

Las instalaciones de verano de Nájera de aquellos años disponían de un campo mixto de fútbol y baloncesto en un extremo, y una piscina de medidas olímpicas en el otro. Y justo en medio del complejo, entre el campo de fútbol y la piscina, existía un edificio central de dos alturas.

En la parte izquierda del edificio, los vestuarios y aseos se encontraban repartidos entre la parte inferior y la segunda planta, y en la parte derecha, las instalaciones de la cruz roja y el bar, este último en la planta superior, al que se accedía a través de unas amplias escaleras.

Radio Najerilla, mítica.
Radio Najerilla, mítica.

Según nos acercamos comenzamos a oír retumbar la radio a todo volumen, bien Radio Najerilla (con Mariola, Pedro Segarra, Jorge Tuesta, Marta, Roberto Cerrajería,  Juanchu y un largo etc…), informando de las últimas novedades acontecidas en el pueblo, o bien los 40 principales con sus más que dudosos éxitos musicales.

El bar no tenía altavoces, el sonido era expulsado con una furia atroz a través de una especie de viejo megáfono y aguzando el oído se podían reconocer los sonidos electrónicos de un novedoso LP de remezclas llamado Max Mix, primer disco de toda una saga que nos atrapó irremediablemente, en concreto a Víctor y a mi.

 

La recreativa Rygar y un bocachanclas como yo.

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Review del juego Rygar, que seguro os suena.

Chuchi y yo subimos las escaleras que daban al bar. Al entrar, justo a mano izquierda existía una máquina recreativa, Rygar, de un guerrero bárbaro que corría infatigablemente a través de diversos escenarios, lanzando una especie de hoja de sierra, derrotando multitud de enemigos.

Era todo un espectáculo para la época. A mi me hipnotizaba.

Mientras Chuchi iba pidiendo un helado Colajet y un par de bolsas de pipas yo no pude evitar acercarme a la máquina completamente obnubilado.

Metí la mano en mi bolsillo con la falsa esperanza de encontrar una moneda de cinco duros en algún pliegue del bañador. (ahí iba a estar, iluso de mí)

– ¡¡Niño!!! -El gritó del camarero me sacó de mi particular trance, sobresaltándome – Si vas a jugar a los marcianitos tienes que tener las zapatillas puestas.

– ¿Que pasa? ¿Que la máquina corre más si llevo zapatillas? – le contesté con claro tono burlón.(siempre he sido pelín impertinente, y aparte había rebajado al “Rygar” a la altura de un matamarcianos cualquiera, y eso, eso era imperdonable)

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Dr. Emmett (Doc) Por cierto, el 21 de Octubre de 2015 llegarán del pasado y los coches sin volar. Grrrr

– No, Imbécil, porque si vas descalzo y juegas, la máquina te meterá un calambrazo que ni el rayo de “Regreso al Futuro”… y por cierto – Añadió con gesto amenazante – No me vaciles mucho niñato no vaya a salir y te suelte un tortazo que te mande a la semana que viene.

– Toño, venga, vente fuera con nosotros – Me invitó Moi mientras con un gesto trataba de calmar al camarero.

– Pero es que el muy mameluco ha confundido el Rygar con un matamarcianos…- Mascullaba indignado, aunque agradeciendo la llegada de Moi, porque en el fondo sabía que el camarero tenía toda la razón. Había tentado a mi suerte.

Moi sabía lo mucho que me gustaban las recreativas y al oír las voces entró apresuradamente al rescate, ya que mi boca me podía perder y a la vez me podía ganar, ganar en concreto un buen soplamocos, y perder alguna pieza dental.

– Vamos, déjate de máquinas, que estás obsesionado
– ¿Obsesionado?… vale, Moi, vale… – Repliqué – Yo me dejo de máquinas, pero tu te dejas de chicas.
– ¿Que dices? – Me miró con un forzado gesto de extrañeza.
– ¡Que ya se tu interés por venir al bar, tunante!

Moi no pudo evitar ponerse nuevamente rojo como un tomate. Nos había traído al bar y yo sabía el por qué.

Al fondo, sentadas en una mesa jugando animadamente al parchís se encontraba la cuadrilla de chicas del colegio de “Las Monjas”, las mismas que estaban a nuestro lado en el césped, y de ahí su especial interés por acercarnos al bar.
¡¡No sabía nada “el Moi”!!

 

Antes de la Rebelión

colajetNos incorporamos al resto de la banda, que ya habían ocupado la mitad de las escaleras de acceso al bar, sentándonos como pudimos, estorbando lo menos posible (que normalmente era mucho). Víctor fué repartiendo pipas a los asistentes mientras Chuchi abría su flamante Colajet.

Lucas arrancó la conversación a la vez que se sacudía del brazo unas rebeldes cáscaras de pipa
– ¡Yo no se vosotros, pero yo estoy hasta los cojines de ELLOS!
– ¡Y yo! En la piscina nos hacen la vida imposible en cuanto nos ven.
– El otro día en el monte nos destrozaron la caseta que hicimos encima de las siete cuevas – Confesó Chuchi
– ¡Con todo lo que nos costó montarla!

Una afición de nuestra pandilla por aquel entonces era la de hacer casetas (habitáculos hechos con cajas de cartón, con palets o con ramas y hojas de árboles) que nos servían para bien poco, ya que disfrutábamos construyéndolas, pero como tanto la construcción como los materiales eran más bien endebles, bastaba una ráfaga de viento o una fina llovizna para que acabaran destrozadas.

– Si, la reventaron a patadas, y cuando fuimos a decirles que por qué nos la destrozaban nos insultaron.
– Y a mi me dieron un piñazo – Afirmó Moi
– ¿Te pegaron? – Preguntó Víctor notablemente furioso, sumándose a la conversación.

– No, un piñazo de piña, de las piñas de los pinos, que nos tiraron con un montón de ellas, y con una me dieron en la cabeza.
– …Y así se ha quedado el pobre desde entonces. – Ironizó Chuchi divertido.
– ¡Serás idiota! – Le replicó Moi mientras le arreaba un sonoro capón a mano abierta que casi le hace atragantarse con el Colajet.

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El Phoenix, uno de los míticos. Pulsa para ver video

– ¡Son unos capullos! A mi en Ciriaco en cuanto me ven me vienen a molestar, y hacen que me maten cada vez que juego al Phoenix – Protesté visiblemente indignado.
– De todas formas Toño, a ese juego eres más malo que regalarle unos Walkie Talkies a un hijo único. – Zizañó Victor con una risita maliciosa, haciéndonos romper en carcajadas en cuanto entendimos el chiste.

Y realmente tenía razón, el Phoenix era un juego que no se por qué motivo se me daba bastante mal, me liaba con el botón de la barrera y del disparo, sobre todo en la fase de unos huevos que se transformaban en águilas, y que al darles se rompían como si fuera una sandia. Era superior a mi.

– Bueno, ¿Entonces que hacemos con ELLOS? – Protestó insistente Lucas – Porque yo no estoy por la labor de que cada dos por tres nos vacilen, nos insulten, nos ahoguen o nos peguen.
– ¡Algo hay que hacer ya que siempre nos están incordiando! – Apoyó Moi.

 

Yo tengo un plan

Sentí que había llegado el momento así que me incorporé para poder hablarles más directamente
– !Bueno chicos, yo tengo un plan! – Confesé con gesto serio.

Había estado dando forma a una idea que tal vez funcionara para conseguir que ELLOS nos dejaran en paz, y no vi mejor ocasión para comentarlo.
– Pero os aviso, será duro. Exigirá disciplina y entrenamiento por parte de todos nosotros – Miré a cada uno de la pandilla a los ojos y continué mi arenga con el mayor de los convencimientos.

– Yo no estoy dispuesto a seguir aguantando sus bromas y descalificaciones – Exclamé elevando cada vez más el tono.
– Ni yo – Añadió Lucas visiblemente entusiasmado
– Ni que se rían de nosotros a la cara y nos cosan a piñazos – Proseguí, con una mirada cómplice hacia Moi – ¡Ni voy a permitir que ELLOS nos destrocen las casetas, nos ridiculicen delante de las chicas y nos amarguen la vida! – Hice una pausa y exclamé enérgicamente.

– ¡¡ Pues no señor, yo no quiero, no estoy por la labor!! ¿Y vosotros?

– ¡No, no señor! – Contestó Lucas con entereza militar mientras bruscamente se ponía de pie

– ¡No, yo no quiero ! – Respondió Moi incorporándose también

– ¡No señor ! – Siguió Víctor con rotundidad, sumándose al grupo.

– ¡Si señor! !Si señor! – Exclamó Chuchi levantándose de un brinco, completamente entusiasmado – ¡Tooooma ya!

Algo se nos escapaba. Algo pasaba que no acertabamos a comprender. Todos miramos a Chuchi entre extrañados y furiosos, ante la respuesta tan contradictoria.

– Pero tu Chuchi ¿Estás tonto o que? – Le amonestó Moi

– Que no, que no, no os mosqueéis, es que me he terminado el Colajet…¡Y me ha tocado uno gratis!, mira, lo pone aquí en el palo. ¡Toma ya! ¡Si señor! ¡Jaja,ja que suerte!

– ¡Que potra tienen el cabrito! ¡Tiene más suerte que Tarzán encontrando lianas! – Exclamó Lucas rompiendo la tensión.

Todos reímos a rabiar, aunque rápidamente volvimos a nuestra particular rebelión.

– Bueno, pero estas de acuerdo con lo que hemos dicho, ¿no? – Pregunté de nuevo.

– Si, claro que si, por supuesto ¡Me uno! – Gritó Chuchi.

– Perfecto – Proseguí – Pues esta noche, a las 9, quedamos en el césped de los jubilados y os expondré mi plan.

– ELLOS no van a ser más que NOSOTROS

 

—- FIN DE LA PRIMERA PARTE  —-

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ELLOS – Es un relato de ficción aunque basado en hechos reales (pero pocos)

Está dividido en dos partes recreando situaciones y elementos de mediados de los 80 muy reconocibles por cualquiera que haya disfrutado de esa época, y más si han vivido o veraneado en Nájera.

Los amigos de la pandilla que aparecen en este relato (Víctor Martínez, Moisés Lavado, Chuchi Lara, Lucas Chinchilla) si que son reales (o eso creo, alguno a día de hoy aún tengo mis dudas si es real o imaginario) y el relato va dedicado a todos ellos, cómplices de mi infancia y de todo lo que disfrutamos.

Antonio Hermoso

Informático Ochenter, 1/3 de LaDinamo.com y músico, teatrero & humorista aficionado. En mi infancia no comí dulces ni chucherías ya que lo gaste todo en las recreativas. Desde siempre me han apasionado los videojuegos, y sobre todo saber como se creaban, como estaban programados, y esa inquietud me ha llevado a mi profesión actual. Juego Favorito: Bump And Jump

5 comentarios en “ELLOS | Primera parte

  1. Aunque yo soy del ’71 todas estas situaciones me son familiares, sorbretodo las conversaciones que se tenían en los años ’80 con la cuadrilla de amigos y algunas aventuras y desventuras que se producían en el día a día, especialmente en las vacaciones de verano, yo era más de Drácula que de Colajet, lo que más me gustaba del Colajet era la cúpula de chocolate y del Drácula el interior rojo sangre y lo que no podía faltar era fundir lo que quedaba de la paga de los domingos en el Phoenix y si no quedaba nada, a mirar como jugaban los demás.

  2. Vamos Toño, que queremos leer la segunda parte. A este paso vas a contar las hazañas en el hogar del jubilado. Un abrazo de los fuertes, ¡Genio! ¡Y con los dos signos de exclamación! Ahí queda eso.

    1. Estamos en ello (lo digo en plural porque viste más). En cuanto lo tenga redactado te pasaré el manuscrito para q le ponas todos los signos de admiración q quieras, Jorge!!!

Seguro que tienes muchas cosas que contar... ¡No te cortes!